Hubo un momento en los cómics en el que el multiverso era una idea relativamente sencilla. Distintas Tierras, versiones alternativas de los mismos personajes y una herramienta útil para contar historias sin alterar demasiado la continuidad principal. Con el tiempo, sin embargo, esa idea dejó de ser un recurso puntual y pasó a convertirse en el propio lenguaje con el que Marvel y DC estructuran sus universos.
Lo interesante es que ambas editoriales llegaron a este concepto desde lugares parecidos, pero lo han gestionado de formas muy distintas. Y esa diferencia explica buena parte de cómo se sienten sus mundos hoy en día.
En Marvel, casi todo gira alrededor de una línea central muy clara, la Tierra 616, que funciona como eje narrativo principal. A partir de ahí, el multiverso se construye como una expansión controlada: otras realidades existen, pero normalmente como variaciones, extensiones o alternativas del núcleo principal.
Un ejemplo muy claro de cómo Marvel entiende estos cambios es Secret Wars, en la etapa de Jonathan Hickman. En este evento, las Incursiones provocan que universos enteros colisionen entre sí hasta el colapso total del multiverso, dando lugar a Mundo de Batalla, un mundo formado por fragmentos de realidades destruidas y gobernado por Doctor Muerte.
Lo importante no es solo la escala del evento, sino la forma en la que se resuelve. Marvel no “resetea” su historia: reconstruye el sistema manteniendo gran parte de lo anterior. Selecciona elementos, los reorganiza y los reintroduce dentro de una continuidad que sigue siendo reconocible. Un caso especialmente representativo es el de Miles Morales, que nace en el Universo Ultimate y acaba integrado de forma estable en el canon principal.
En esa misma lógica encaja el fenómeno del Spider-Verso. Más que un simple evento, se ha convertido en una estructura narrativa recurrente: múltiples versiones de Spiderman procedentes de distintas realidades conectadas entre sí dentro de una red multiversal. Spider-Gwen o las distintas variantes de Peter Parker no sustituyen al original, sino que se suman al conjunto.

En conjunto, Marvel trata el multiverso como una red en expansión: añade capas, conecta mundos y rara vez elimina algo por completo.
DC, en cambio, ha construido su multiverso como un sistema mucho más inestable y cíclico. En lugar de crecer de forma continua, su estructura evoluciona a base de reinicios, crisis y reconfiguraciones completas. Lo que empezó en The Flash 123 y que dio inicio al multiverso tal como lo conocemos ahora, se fue complicando al añadir cada vez más y más versiones distintas de los personajes. Se crearon Tierra 1 y Tierra 2 para explicar las dos versiones diferentes de ciertos personajes como Superman, Flash, Batman, Green Lantern, pero acabó siendo un caos.

El punto de partida moderno suele situarse en Crisis en Tierras Infinitas, donde el multiverso infinito se elimina para dejar una única Tierra unificada. En aquel momento convivían múltiples versiones de personajes como Superman o Flash, lo que había vuelto la continuidad extremadamente difícil de seguir.
La solución fue radical: simplificar todo en una sola línea temporal. Pero esa estabilidad no se mantuvo de forma permanente.
Años después llega Crisis Infinita, que restaura parte del multiverso. Más adelante, Flashpoint provoca un nuevo reinicio con Los Nuevos 52 (2011), reescribiendo gran parte de la continuidad reciente. Y posteriormente, Renacimiento (2016) intenta recuperar elementos del pasado que habían quedado fuera tras ese reinicio.
En etapas más recientes, eventos como Dark Nights: Death Metal o Crisis Oscura en Tierras Infinitas consolidan una idea distinta: no existe una única versión definitiva, sino múltiples realidades que pueden coexistir, incluso si no encajan de forma perfecta entre sí.
DC no tiende tanto a acumular continuidad como a reconstruirla periódicamente. Su multiverso funciona como un sistema que se reescribe, colapsa y vuelve a emerger con nuevas reglas.
A medida que estas estructuras se volvieron más complejas, empezaron a aparecer términos que intentan ordenar niveles cada vez más abstractos de realidad. Autores como Grant Morrison o Geoff Johns han contribuido a popularizar estas ideas dentro del propio canon de DC.
El multiverso es el nivel más básico: un conjunto de universos paralelos dentro de una misma estructura narrativa. Variantes de personajes, líneas temporales alternativas y mundos que se separan a partir de decisiones distintas.
El metaverso, desarrollado especialmente en Reloj de Juicio Final, introduce una capa más abstracta. Aquí, la realidad principal no es solo un universo entre otros, sino un sistema que reacciona a cambios externos. Las modificaciones en la continuidad editorial acaban reflejándose dentro de la propia ficción, como si el universo se ajustara para integrar nuevas versiones de su historia.
Es una forma de representar dentro del relato algo que en realidad ocurre fuera de él: los cambios constantes de continuidad a lo largo del tiempo.
El omniverso, por último, lleva esta lógica al extremo. Es la idea de que todas las realidades posibles coexisten dentro de una estructura superior: Marvel, DC, otras editoriales, adaptaciones audiovisuales e incluso distintas versiones del mismo personaje formarían parte de un sistema más amplio.
En este nivel ya no se habla de una continuidad única, sino de coexistencia total de todas las versiones posibles.
Al final, lo más interesante no es la terminología en sí, sino lo que revela sobre cómo han evolucionado estos universos. Marvel tiende a expandir y conservar, integrando lo nuevo dentro de lo existente. DC tiende a reiniciar y reconstruir, reorganizando su continuidad cuando se vuelve demasiado compleja.
Y en ambos casos, de formas distintas, el resultado es el mismo: la continuidad deja de ser una línea recta para convertirse en un sistema vivo, múltiple y en constante transformación.