En los universos de Marvel y DC la continuidad no funciona como una línea recta, sino como una estructura acumulativa formada por décadas de historias, cambios editoriales y autores distintos trabajando sobre los mismos personajes. Eso hace que no exista una única versión “correcta” de los hechos, sino historias superpuestas que a veces encajan con precisión y otras veces entran en conflicto de forma evidente.
Una de las claves para entender estas incoherencias está precisamente en esa diversidad creativa. Cada etapa de un personaje puede estar escrita por autores que respetan con cuidado lo anterior, otros que reinterpretan libremente lo establecido y otros que priorizan la historia concreta que están contando en ese momento por encima de la coherencia global del universo. En un sistema así, la continuidad no se impone de forma rígida, sino que se mantiene mediante una mezcla de inercia editorial y acuerdos implícitos entre distintas etapas narrativas.
En Marvel esto se percibe con claridad en personajes como Capitán América, que actúa casi como un punto de anclaje dentro del universo. Su origen en la Segunda Guerra Mundial y su congelación en el hielo permiten mantener una conexión directa con el pasado, pero incluso así su historia ha tenido que ajustarse para seguir siendo coherente con el presente editorial. Algo similar ocurre con Iron Man, cuyo origen ligado a conflictos bélicos ha ido actualizándose con el tiempo para adaptarse a distintas realidades históricas sin perder su esencia.
También aparecen tensiones en personajes como Magneto, cuyo origen ligado al Holocausto introduce una referencia histórica fija que condiciona todo lo demás. Para que esa cronología siga funcionando dentro del presente, el personaje necesita explicaciones implícitas o ajustes narrativos que mantengan su coherencia sin romper la continuidad general.
Luego están los intentos de “reinicio parcial”, que en Marvel suelen ser quirúrgicos pero polémicos. El caso de “Un Día Más” con Spiderman es probablemente uno de los más comentados: para devolver al personaje a un estado más juvenil y solitario, se borra su matrimonio con Mary Jane mediante un pacto sobrenatural. Funciona a nivel de reinicio editorial, pero deja un vacío extraño en todo lo anterior, como si décadas de desarrollo emocional hubieran ocurrido en una versión de la historia que ya no encaja del todo.

Este tipo de fricciones se vuelve aún más visible cuando entra en juego el paso del tiempo. En Marvel, los personajes adultos envejecen de forma muy lenta o directamente no envejecen, mientras que los personajes jóvenes siguen trayectorias mucho más irregulares. En algunos casos crecen cuando la narrativa lo requiere y en otros permanecen prácticamente congelados durante años editoriales sin una progresión biográfica clara.
Ahí entran ejemplos como Franklin Richards o los miembros de Power Pack, donde el crecimiento no responde a una lógica cronológica estable, sino a una lógica editorial. También ocurre con personajes como la hija de Luke Cage y Jessica Jones, que introducen una variable adicional: cómo gestionar la infancia dentro de un universo donde el tiempo no avanza de forma uniforme para todos los personajes.
En conjunto, se genera una especie de tiempo elástico, donde cada personaje parece moverse en su propia escala temporal. Más que un error puntual, esto es una consecuencia directa de un modelo narrativo construido a lo largo de décadas, sin un punto final definido y con múltiples autores interviniendo en paralelo.
En DC, la aproximación ha sido diferente. En lugar de estirar la continuidad de forma indefinida, se han utilizado reinicios periódicos para reorganizarla. Con Crisis en Tierras Infinitas se intentó simplificar un multiverso excesivamente complejo, aunque con el tiempo las contradicciones volvieron a aparecer.
Más adelante, Los Nuevos 52 (2011) supuso un reinicio prácticamente total, con muchos personajes empezando desde cero y con orígenes completamente reescritos. Sin embargo, ese reinicio no fue uniforme: algunos personajes fueron reconstruidos casi desde la base, mientras que otros conservaron elementos importantes de su etapa anterior.
Batman es un ejemplo de continuidad relativamente estable dentro de ese cambio: héroes activos solo desde hacía unos cinco años, historias condensadas, orígenes actualizados. Sobre el papel era limpio. En la práctica, hizo casi imposible cuadrar elementos como la existencia de múltiples Robin en la carrera de Batman en un periodo tan corto. El resultado fue una cronología técnicamente ordenada, pero lógicamente incómoda. En cambio, la línea de Green Lantern, especialmente tras la etapa de Geoff Johns, llegó a ese punto con una base narrativa tan sólida que su transición fue más una adaptación que una ruptura completa.

Incluso Superman tuvo que ser “reconciliado” con versiones distintas de sí mismo mediante eventos editoriales posteriores como Superman Renacido, que básicamente funcionaban como parches narrativos para que dos líneas temporales incompatibles pudieran convivir sin romper del todo el universo.
Posteriormente, Renacimiento (2016) intentó corregir ese desequilibrio recuperando elementos del pasado editorial que habían quedado fuera en Los Nuevos 52. Más que un nuevo reinicio, funcionó como una reconstrucción de continuidad, restaurando partes de su historia previa que habían sido eliminadas o ignoradas para reconciliar distintas versiones del universo.
Con el tiempo, ambas editoriales han desarrollado su propio kit de herramientas para lidiar con estos problemas. El retcon es el más evidente: reescribir hechos del pasado para encajar con el presente, a veces de forma sutil y otras de manera muy directa. En DC existe la idea del hipertiempo, que intenta justificar que todas las líneas temporales posibles existen y pueden influir en la principal. Marvel, por su parte, ha jugado más con la ironía editorial, como el famoso “no-premio”, un premio simbólico para lectores capaces de encontrar errores y justificarlos con explicaciones ingeniosas dentro del propio canon.
Al final, estas incoherencias no son simples fallos de planificación. Son el resultado inevitable de universos narrativos que han crecido durante generaciones, construidos por decenas de autores y condicionados por decisiones editoriales muy diferentes entre sí. Y aunque generan contradicciones evidentes, también son parte de lo que permite que personajes como Spiderman, Batman o Iron Man sigan evolucionando sin dejar de reinventarse, incluso cuando su historia deja de encajar de forma perfecta.