Universos compartidos en los cómics: cómo Marvel y DC hicieron que todo pareciera conectado

Hay un momento muy concreto leyendo cómics de superhéroes en el que todo cambia. Suele pasar cuando te das cuenta de que la historia que tienes entre manos no ocurre de forma aislada, sino dentro de un mundo donde otros personajes existen, actúan y dejan huella aunque no aparezcan directamente en ese número. Ahí es cuando un universo compartido deja de ser una idea abstracta y empieza a sentirse como un lugar real.

Hoy asociamos esto casi automáticamente a Marvel y DC, pero lo interesante es que ambas editoriales llegaron a esa idea de formas bastante distintas.

En los primeros años de los superhéroes, cada personaje funcionaba prácticamente por separado. Superman aparece en 1938 viviendo sus aventuras en Metrópolis. Poco después llega Batman en Gotham y más adelante otros héroes como Flash o Green Lantern durante la llamada Golden Age. Todos pertenecían a la misma editorial, pero no daba la sensación de que compartieran realmente un mismo mundo. Cada colección tenía su tono, sus secundarios y sus propios problemas.

Sí existieron intentos tempranos de reunir personajes, especialmente en series como All-Star Comics y grupos como la Sociedad de la Justicia de América, donde coincidían héroes importantes de la época. Pero aquellas reuniones se sentían más como colaboraciones puntuales que como un universo completamente cohesionado. El concepto moderno de continuidad todavía estaba lejos.

Portada All-Star Comics 3
Portada All-Star Comics 3

 

Además, las ciudades ficticias ayudaban a reforzar esa separación. Gotham, Metrópolis, Central City o Star City parecían existir casi como escenarios independientes. Hoy resulta extraño imaginar a Superman y Batman sin una relación cercana, pero durante bastante tiempo esa conexión no era tan natural como ahora la vemos.

Marvel, en cambio, construyó su identidad alrededor de esa sensación de mundo compartido mucho antes. Cuando Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko empiezan a desarrollar el universo Marvel moderno en los años 60, la idea de conexión entre personajes pasa a formar parte esencial de la experiencia de lectura.

Muchos héroes vivían en Nueva York, una ciudad real, y constantemente aparecían en las colecciones de otros personajes. A veces eran simples cameos; otras, participaban directamente en la trama. Pero lo importante era la sensación de que todo estaba ocurriendo al mismo tiempo y en el mismo lugar.

Página de 4 Fantásticos 5
Página de 4 Fantásticos 5

 

Y no solo se trataba de ver a Spiderman cruzándose con Los 4 Fantásticos o Daredevil. También importaba que las consecuencias se reflejaran entre las distintas series. Si algo importante ocurría en una colección, podía notarse en otra meses después. Esa memoria compartida es probablemente lo que terminó definiendo la idea moderna de universo compartido en los cómics.

Con el paso del tiempo, tanto Marvel como DC fueron ampliando enormemente sus universos. Llegaron los grandes eventos, los crossovers, las crisis y los reinicios editoriales. Lo que empezó siendo relativamente sencillo acabó convirtiéndose en estructuras enormes y bastante difíciles de controlar.

Y ahí apareció otro problema: cuanto más grande es un universo compartido, más complicado resulta mantener una continuidad coherente. Hay más series, más autores y más personajes moviéndose al mismo tiempo. A veces todo encaja perfectamente y otras veces da la sensación de que cada colección va por libre.

Precisamente por eso muchos lectores desarrollan su propia manera de leer estos universos. En mi caso, por ejemplo, intento construir un orden de lectura cómic a cómic, encajando las distintas series como si fueran piezas de un mismo puzzle. No siempre es fácil, porque hay muchísimas colecciones publicándose a la vez y las historias no siempre avanzan de forma sincronizada, pero esa búsqueda de coherencia es parte de la gracia de leer superhéroes.

Porque al final un universo compartido no funciona solo por juntar personajes famosos. Lo importante es que el mundo tenga cierta memoria. Que lo que ocurre en una historia siga teniendo peso más adelante, aunque sea de forma pequeña. Cuando eso está bien hecho, el lector siente que el universo continúa avanzando incluso fuera de las páginas que está leyendo en ese momento.

Y probablemente esa sea la razón por la que esta fórmula sigue funcionando después de tantas décadas. No se trata solo de seguir a un héroe concreto, sino de la sensación de estar entrando en un mundo mucho más grande, conectado y en constante movimiento.

Con los años, otras editoriales también han intentado construir algo parecido. Image Comics, por ejemplo, ha experimentado varias veces con la idea de conectar personajes y colecciones, aunque normalmente de forma más flexible y menos centralizada que Marvel o DC. Más recientemente, proyectos como el sello Supermassive han vuelto a explorar esa sensación de universo compartido entre distintas series.

Valiant Comics también ha intentado levantar su propio universo cohesionado en varias etapas, con resultados irregulares y distintos reinicios por el camino. Y casos como el de Spawn, alrededor de Todd McFarlane, demuestran que incluso una franquicia centrada inicialmente en un solo personaje puede acabar generando todo un ecosistema de series relacionadas.

Al final, cada editorial encuentra su propia manera de hacerlo, pero la idea de fondo sigue siendo la misma: crear la sensación de que todas esas historias forman parte de algo más grande.

Deja un comentario

Logotipo MaskComics
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puehttps://maskcomics.com/privacy-policy/des revisar nuestra política de privacidad en la página de Política de Privacidad