Recientemente he tenido la oportunidad de leer Los últimos días de Lex Luthor, una miniserie del sello DC Black Label escrita por Mark Waid y dibujada por Bryan Hitch, con Superman y Lex Luthor como protagonistas absolutos. En España la obra ha sido publicada por Panini Comics en un atractivo formato de gran tamaño que resulta especialmente adecuado para lucir el espectacular trabajo artístico del cómic.
La premisa de la historia es tan sencilla como potente: Lex Luthor está muriendo. El brillante multimillonario ha contraído una enfermedad incurable que ni siquiera su inmensa inteligencia ni su avanzada tecnología pueden resolver. Ante esta situación límite, toma una decisión tan inesperada como significativa: acudir a Superman para pedirle ayuda. El hombre que ha pasado toda su vida intentando demostrar que el kryptoniano no merece la confianza de la humanidad se ve obligado ahora a depositar su esperanza precisamente en él.

A partir de ese punto se despliega una historia que combina ciencia ficción a gran escala con una interesante reflexión moral. Superman acepta ayudarle porque su ética no le permite abandonar a nadie, ni siquiera a su peor enemigo. Este compromiso lo lleva a recorrer distintos rincones del universo DC en busca de una posible cura, consultando a algunas de las mentes más brillantes que existen. Lo que permite al dibujante lucirse con unas grandiosas páginas con multitud de personajes (como la Legión de Superhéroes). Sin embargo, más allá del viaje y de los escenarios espectaculares, lo verdaderamente importante del cómic está en la relación entre ambos personajes.

Mark Waid demuestra una vez más lo bien que comprende a estas dos figuras. Superman aparece como la encarnación de la esperanza y de la fe en la humanidad, alguien convencido de que toda vida merece ser salvada. Lex Luthor, por el contrario, representa el orgullo humano llevado al extremo: un hombre incapaz de aceptar la superioridad moral de Superman y cuya obsesión ha definido gran parte de su existencia. Esta tensión entre ambos se convierte en el auténtico motor de la obra. Más que una historia de acción, estamos ante un relato muy centrado en los personajes, en sus ideas y en el enfrentamiento ideológico que los separa. Las conversaciones entre Superman y Luthor, cargadas de orgullo, reproches y una compleja mezcla de desprecio y respeto mutuo, resultan a menudo más interesantes que cualquier combate.
En el apartado gráfico, Bryan Hitch ofrece exactamente lo que se espera de él, con páginas espectaculares, composiciones amplias y un enfoque muy cinematográfico de la narrativa. Su dibujo transmite perfectamente la escala del universo superheroico, con escenarios cósmicos y tecnológicos de gran impacto visual, pero también funciona muy bien en los momentos más íntimos, donde la expresividad de los personajes se vuelve fundamental. Ese equilibrio entre espectáculo y dramatismo hace que la lectura resulte muy dinámica, y es precisamente ahí donde el gran formato de la edición cobra todo el sentido, ya que permite apreciar con mayor claridad el nivel de detalle y la amplitud de las viñetas.
En conjunto, Los últimos días de Lex Luthor se aleja del típico enfrentamiento entre héroe y villano para ofrecer una historia más reflexiva sobre el orgullo, la moral y la compleja relación entre dos figuras que, pese a estar destinadas a enfrentarse eternamente, también se definen mutuamente. Con un guion sólido de Mark Waid, un apartado gráfico espectacular de Bryan Hitch y una edición muy cuidada por parte de Panini, el resultado es un cómic que merece la pena tanto para lectores habituales como ocasionales de Superman.