Apenas un par de meses después de empezar a publicar los cómics de DC en nuestro país, Panini nos regala este tomo recopilatorio de diversas historias de Superman de los años 50. Esta edición reúne historias clásicas de la década dorada del Hombre de Acero en un volumen manejable y elegante, con tapa rústica y solapas que lo hacen cómodo de sostener mientras vuelas mentalmente sobre los cielos de Metrópolis. El tomo incluye material de Superman 65, 79, 80, 96, 97, 127, Action Comics 151, 242, 252, 254-255, World’s Finest Comics 68, 75, Superman’s Girl Friend, Lois Lane 8, Superman’s Pal, Jimmy Olsen 13, Adventure Comics 210 y Showcase 9. Estas historias incluyen las primeras apariciones de Supergirl, Krypto, Beppo, Bizarro, Brainiac, personajes con una gran importancia en la mitología del primer superhéroe. Algunos de los números de este tomo ya los tenía de cuando Novaro publicó en su días el tomo de La Historia de Superman, cómic que conservo como oro en paño, y que he releído en diversas ocasiones. Le tengo especial cariño a la historia del primer Superman de Krypton y la del traje amarillo con escafandra, titulada «El nuevo traje de Superman».

Al abrir el tomo, uno se da cuenta de que, aunque las tramas sean sencillas y a veces ingenuas, tienen un encanto que no envejece. Superman de los 50 no es solo un héroe invencible, sino también un reflejo de los valores y preocupaciones de su época. Las aventuras mezclan lo cotidiano con lo extraordinario: salvar a un gato de un árbol puede convivir con detener ladrones de bancos o extraterrestres de paso por la Tierra.

Estos cómics logran sorprender por pequeños detalles: la forma en que Superman interactúa con Lois Lane, los villanos caricaturescos, o ese humor ligero que permeaba incluso las situaciones más dramáticas. Es imposible no sonreír ante algunas soluciones “fantásticas” a problemas cotidianos, recordando que, aunque los años pasen, la esencia de un buen cómic se mantiene. Es cierto que algunas historias resultan repetitivas o previsibles, pero esa es precisamente parte de su magia. El lector moderno puede sonreír ante las soluciones imposibles —o ante la capacidad de Superman para resolver un conflicto mundial en tres páginas—, pero bajo esa simplicidad hay algo genuino: un optimismo que hoy resulta refrescante.
Los artistas de los 50 —Curt Swan, Wayne Boring, Al Plastino y compañía— trabajaban con una economía de recursos admirable, es decir, conseguían contar la historia usando lo justo y necesario: no necesitaban efectos especiales complicados ni composiciones sobrecargadas. Cada viñeta tenía lo mínimo indispensable —personajes, acción y fondo— para que la historia se entendiera con claridad, y aun así lograban transmitir emoción, dinamismo y expresividad. No había doble splash pages ni efectos digitales, pero cada viñeta contaba exactamente lo que debía. Superman se mostraba heroico sin necesidad de posturas imposibles, y Lois Lane era tan expresiva como insistente.
El trazo es limpio, las composiciones son sencillas, y el resultado transmite una claridad narrativa que muchos cómics modernos han perdido entre capas de efectos. Si vienes de leer cómics actuales, puede parecerte un salto atrás… hasta que recuerdas que este estilo fue el que definió a generaciones enteras de lectores.
Superman en los 50 es un tomo que no necesita nostalgia para funcionar, pero la provoca igual. Basta con dejarse llevar por ese aire de ingenuidad heroica y por un dibujo que respira honestidad.
Panini ofrece una edición cuidada, fiel al material y muy cómoda de leer. Y, lo mejor, es que invita a redescubrir a un Superman más humano, más ingenuo y —por qué no decirlo— más feliz. Espero que se decidan a publicar más cómics clásicos de Superman en orden cronológico.
Si eres coleccionista, te encantará tenerlo. Si eres lector ocasional, te sorprenderá lo bien que envejecen estas historias. Y si solo buscas un respiro entre tanto antihéroe atormentado… aquí tienes tu salvavidas con capa.
Puedes comprar el cómic en el siguiente enlace.