
Middlewest, escrita por Skottie Young y con arte de Jorge Corona, es una de esas historias que consiguen combinar lo fantástico con lo profundamente humano. Publicada por Image Comics, esta serie de cómic se adentra en el viaje emocional de Abel, un adolescente que huye de casa tras un estallido de violencia con su padre. Lo que empieza como una huida se convierte rápidamente en una aventura mágica, intensa y llena de significado. Norma ha publicado la serie en tres tomos formato rústica.
El mundo de Middlewest tiene una estética muy particular, que recuerda al corazón rural de Estados Unidos, pero con un toque de fantasía, tecnología retrofuturista y criaturas extraordinarias. En este paisaje tan evocador, Abel no solo se enfrenta a peligros físicos, sino también a su propio malestar interno: la ira, el miedo, el dolor heredado de una infancia complicada. Es un cómic que trata de los traumas propios, y cómo éstos se perpetúan y nos conforman, y se transmiten a nuestros hijos. De cómo no podemos dejar atrás lo que nos ha formado como personas y condicionan nuestra relación con los demás. Es un cómic que te hace reflexionar sobre cómo nos convertimos en aquello que aborrecemos, sin poder salir de un ciclo vicioso de violencia, tanto física como emocional.

Uno de los aspectos más interesantes de la serie es cómo representa el trauma emocional a través de elementos visuales. La tormenta que persigue a Abel, por ejemplo, no es solo un fenómeno sobrenatural, sino una metáfora muy potente de su estado interior. Todo sin dejar de ser accesible para un público juvenil o adulto. El guion de Young es fluido, de un ritmo frenético que se toma también su tiempo para explicar las emociones de los protagonistas y cómo reaccionan a todo lo que les sucede. Un buen ejemplo de ello es el final de la serie.
A nivel visual, el trabajo de Jorge Corona es sobresaliente. Me ha encantado. Su estilo es dinámico, expresivo y muy narrativo. Las emociones de los personajes se reflejan de una manera muy auténtica, y el mundo que construye es tan vivo como inquietante. Cada viñeta es una obra de arte en sí misma, llena de detalles y matices que enriquecen la historia y te sumergen en la atmósfera del Medio Oeste. La paleta de colores, a cargo de Jean-François Beaulieu, acompaña perfectamente cada estado de ánimo y aporta una atmósfera única a la serie.

Es un relato sobre la resiliencia del espíritu humano, sobre la capacidad de encontrar la luz en la oscuridad y sobre la importancia de enfrentar nuestros propios demonios. A través del viaje de Abel, la serie nos invita a reflexionar sobre nuestras propias experiencias, nuestras relaciones familiares y la búsqueda de nuestro lugar en el mundo.